JAUME RIBELL
El pasado martes se celebraba el Día Mundial de la Salud Mental. Cosa que está muy bien: durante un día, todos se acuerdan de las personas con este tipo de dificultades para una vez pasado ese día, volverse a olvidar olímpicamente. Durante los varios actos relacionados con la cuestión que tuvieron lugar, todos los responsables políticos coincidían en un punto: son conscientes de que no existen los servicios suficientes para dar respuesta a la elevada (y cada vez más creciente) demanda de este colectivo y de sus familiares.
Una cosa a todas luces evidente. No es ya que sea una oferta insuficiente: es que es paupérrima. Entonces, ¿por qué no se ponen más medios para dotar al sistema público de una mayor atención hacia este tipo de pacientes? Pues entre muchas otras razones, porque eso cuesta muchos dineros. Y la administración, aún siendo consciente de ello, entona aquello de que no hay recursos suficientes para todo.
En cambio sí los hay para hacer campañas electorales cada dos por tres (ya sean municipales, autonómicas, generales o europeas) que valen auténticas obscenidades. Hablamos de miles de millones de las antiguas pesetas, sin exagerar. En cualquier caso, tampoco se puede precisar lo que se gastan los partidos en ellas porque la transparencia en ese sentido brilla por su ausencia (como el famoso 3%, que parece que el pobre ha sido sepultado por la clásica estrategia del ‘si tú no oyes, yo no veo’). Nadie sabe a ciencia cierta cuánto invierten los partidos en sus campañas, ni de dónde sacan todas sus fuentes de financiación. Seguramente porque si se supiera la gente se indignaría bastante. Entre otras cosas porque, con esas animaladas que se gastan en una campaña para ganar votos, se podrían hacer otras muchas mejoras bastante más necesarias para la población. No sé si las cantidades ingentes de dinero que tiran a fondo perdido en épocas electorales, darían para demasiadas autopistas. Seguro que no. Pero sólo con que dieran para colaborar en el coste de nuevos pisos tutelados como el de la Fundación Lar, ya estarían mejor empleados que en cualquier acto de campaña electoral.
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